El uso político de tarjetas de apoyo, el reparto de apoyos sociales sin presupuesto y el Presupuesto 2026 Nuevo León volvieron a chocar en un episodio que exhibe el cinismo con el que se manejan los programas sociales en el estado. En la Colonia Independencia, Samuel García encabezó un acto discreto, sin medios de comunicación, donde repartió supuestas “tarjetas de apoyo” aun cuando el presupuesto para el próximo año no ha sido aprobado.
La escena dejó una sensación clara: promesas al aire, discursos políticos disfrazados de ayuda social y una estrategia que parece más enfocada en votos que en bienestar real.
Un Evento Sin Prensa Y Con Mensaje Calculado
El acto se realizó en el Macrocentro comunitario de la Colonia Independencia. No hubo convocatoria pública ni acceso a medios. Todo ocurrió bajo control, lejos de preguntas incómodas sobre el origen de los recursos o la legalidad del reparto.
La ausencia de prensa no fue un detalle menor. Fue parte del mensaje. Un evento cerrado permite hablar sin rendir cuentas, prometer sin explicar y condicionar sin que quede registro incómodo.
“Apoyos Sociales” De Samuel García Que No Tienen Respaldo Legal
El problema central no es la entrega de tarjetas, sino el contexto. El Presupuesto 2026 Nuevo León sigue sin aprobarse. No hay certeza de recursos. No hay garantía financiera. Aun así, el gobierno estatal continuó con el reparto.
Esto convierte a las tarjetas en algo más cercano a una promesa política que a un programa social sólido. Sin reglas claras, sin montos confirmados y sin calendario público, el apoyo se vuelve una expectativa frágil para quienes más lo necesitan.
El Mensaje Que Delata La Intención
Durante el evento, Samuel García dejó una frase que encendió las críticas: los apoyos seguirán solo si no regresa “la vieja política”. El mensaje fue directo y difícil de maquillar. La permanencia del beneficio quedó ligada al futuro político del movimiento que hoy gobierna.
Para muchos, esto confirma el uso político de tarjetas de apoyo como herramienta de presión electoral. No se trata de derechos sociales garantizados, sino de favores condicionados.
“Apoyos Sociales” Hoy, Silencio Mañana
Otro punto que genera desconfianza es la opacidad posterior. Tras el evento, no hubo información clara sobre cuántas tarjetas se entregaron, cuántas mujeres ya reciben el supuesto aumento ni cuántas siguen esperando.
La Secretaría responsable del programa no detalló cifras ni aclaró el estatus real de los apoyos. El silencio institucional contrasta con el discurso optimista que se lanzó frente a las beneficiarias.
Promesas Infladas De Samuel García Desde Octubre
Desde octubre pasado se anunció que los apoyos subirían de 800 a 2 mil pesos mensuales y que el padrón crecería de forma exponencial. Meses después, la realidad sigue sin reflejar esas promesas.
La falta de datos públicos refuerza la percepción de que el programa se utiliza más como herramienta discursiva que como política pública verificable.

Las Beneficiarias En Medio Del Juego
Las principales afectadas son las mujeres que recibieron las tarjetas. A ellas se les promete un ingreso mensual sin explicar de dónde saldrá ni cuánto durará. Se les coloca en medio de un conflicto político que no controlan.
Especialistas advierten que este tipo de prácticas generan dependencia y frustración, al convertir un apoyo social en una moneda de cambio político.
Un Patrón Que Se Repite
Este no es un hecho aislado. La entrega de apoyos sin claridad presupuestal se ha convertido en un patrón. Primero el anuncio, luego la foto, después el silencio. El esquema se repite mientras las preguntas se acumulan.
El reparto de apoyos sin presupuesto deja la impresión de improvisación y oportunismo, más que de planeación responsable.
El Costo Del Cinismo Político De Samuel García
El uso de programas sociales con fines políticos tiene un costo alto. Daña la confianza pública, debilita las políticas de bienestar y normaliza la idea de que los apoyos dependen del partido en el poder.
El episodio en la Colonia Independencia vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿son apoyos sociales o simples promesas electorales disfrazadas?
Más allá del plástico entregado, lo que quedó claro fue el mensaje político. Apoyos sin presupuesto, eventos sin prensa y discursos que condicionan derechos básicos.
El cinismo no está solo en repartir tarjetas sin dinero aprobado, sino en hacerlo como si nadie fuera a cuestionarlo. Y esta vez, las preguntas siguen ahí, aunque se haya intentado repartirlas a puerta cerrada.
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