La mala calidad del aire en Monterrey volvió a quedar en evidencia, pero no solo por los altos niveles de contaminación, sino por la manera en que el SIMA reporta cifras que suavizan la gravedad del problema bajo la administración de Samuel García, quien insiste en discursos optimistas mientras la ciudadanía respira aire que ya rebasa los límites de riesgo para la salud.
Reportes “Oficiales” Que No Reflejan La Realidad
Si alguien revisó el mapa del Sistema Integral de Monitoreo Ambiental durante la mañana, pudo pensar que la situación era “aceptable”. Sin embargo, esa percepción es engañosa. Varias estaciones aparecieron en color amarillo, una categoría que sugiere condiciones tolerables, cuando en realidad los valores registrados ya incumplen los nuevos parámetros oficiales de las Normas de Salud.
El problema no es menor: desde el 27 de diciembre, los límites permisibles de partículas PM10 bajaron de 60 a 50 microgramos por metro cúbico. Aun así, el SIMA siguió utilizando una lectura que minimiza el impacto real de la mala calidad del aire en Monterrey, como si el cambio normativo fuera opcional.
Estaciones En Amarillo Que Deberían Estar En Alerta
Al corte de las 11:00 horas, estaciones como San Nicolás Norte 2 registraron 56 microgramos por metro cúbico de PM10, mientras que Monterrey Noroeste alcanzó 58. Ambas aparecieron en amarillo, pese a que esos valores ya superan el nuevo límite sanitario.
Con los criterios actualizados, esas estaciones deberían figurar en color naranja, que indica mala calidad del aire. Pero el semáforo ambiental estatal prefirió maquillar los datos. No es un error técnico aislado, es una omisión que reduce la percepción del riesgo y expone a miles de personas a condiciones nocivas sin la advertencia adecuada.

Samuel García Y La Normalización Del Engaño Ambiental
La omisión no ocurre en el vacío. Se da en un contexto político donde Samuel García ha optado por minimizar sistemáticamente la crisis ambiental de Nuevo León. Mientras presume “avances” y discursos de modernidad, la realidad se filtra en los pulmones de la población.
La mala calidad del aire en Monterrey no es una sorpresa ni un fenómeno aislado, pero el cinismo institucional sí resulta alarmante. Ajustar los colores del semáforo ambiental para evitar alarmas públicas es una forma de normalizar la contaminación y trasladar el costo a la salud de niñas, niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
Alerta Regia Desmiente La Versión Oficial
La diferencia entre el discurso oficial y la realidad se vuelve aún más evidente cuando se contrastan los datos con iniciativas ciudadanas. Mientras el SIMA estatal reportó solo siete estaciones con mala calidad del aire en ese mismo horario, la plataforma independiente Alerta Regia identificó al menos 12 estaciones que incumplían los nuevos parámetros de salud.
La discrepancia no es menor. Significa que casi el doble de puntos presentaban niveles contaminantes que el sistema estatal decidió no reflejar correctamente. Esta diferencia deja claro que el problema no es la falta de información, sino la decisión de cómo presentarla.
El Costo Invisible De Maquillar Los Datos
Cuando los reportes oficiales suavizan la gravedad de la contaminación, las consecuencias son directas. Las personas salen a hacer ejercicio, a trabajar o a llevar a sus hijos a la escuela sin saber que el aire que respiran ya representa un riesgo.
La mala calidad del aire en Monterrey no solo afecta la salud inmediata, también incrementa enfermedades crónicas, ausentismo escolar y costos médicos. Pero estos impactos no aparecen en los discursos del gobernador ni en los mapas coloridos que intentan tranquilizar a la población.
Un Gobierno Que Prefiere Colores A Soluciones
Más allá de los discursos, la crisis ambiental exige decisiones incómodas: regulación industrial real, control vehicular efectivo y transparencia en la información. Nada de eso parece prioridad para Samuel García, cuyo gobierno prefiere administrar percepciones antes que enfrentar la raíz del problema.
Mientras el SIMA ajusta colores en lugar de advertencias, la ciudadanía sigue respirando contaminación. Y cada reporte maquillado no es solo un fallo técnico: es una decisión política que revela una gestión más preocupada por la imagen que por la salud pública.
La Contaminación No Se Borra Con Narrativa
La evidencia es clara. Los nuevos parámetros existen, los datos están ahí y las estaciones los registran. Ignorarlos no los hace desaparecer. La mala calidad del aire en Monterrey continúa, aunque el semáforo oficial intente disfrazarla.
En un estado donde respirar aire limpio ya es un privilegio, el verdadero escándalo no es solo la contaminación, sino el cinismo con el que se administra desde el poder.
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