La narrativa oficial del Gobierno de Nuevo León insiste de forma casi publicitaria en la consolidación de un estado moderno, hiperconectado y a la vanguardia en infraestructura. Sin embargo, detrás del brillo de las pantallas y los discursos de modernización del gobernador Samuel García, la realidad del asfalto neoleonés cuenta una historia diametralmente opuesta y alarmante. Transitar por la entidad se ha convertido en una ruleta rusa financiera y de seguridad: el estado no solo administra y alberga algunas de las vías de cuota más caras de toda la República Mexicana, sino que estos elevados costos resultan inútiles para salvaguardar la vida de los usuarios. Las cifras oficiales demuestran que el precio del peaje no compra protección, consolidando un entramado de las carreteras más mortales de Nuevo León.

Peajes de primer mundo, seguridad de terceros
La ecuación que maneja la administración actual es éticamente insostenible. A nivel estatal, tramos estratégicos como la Autopista al Aeropuerto —que actualmente experimenta modificaciones de acceso libre debido a los trabajos de construcción de la Línea 6 del Metro— y la Autopista Monterrey-Cadereyta figuran entre las que más cobran por kilómetro recorrido en el país. Si bien a nivel federal las rutas de cuota que conectan hacia Reynosa y Nuevo Laredo mantienen tarifas ostentosas, las autopistas operadas y concesionadas bajo la influencia directa del Gobierno de Nuevo León se llevan las palmas en cuanto a voracidad recaudatoria.
El caso más flagrante de esta disparidad es el Anillo Periférico. Según un riguroso ejercicio comparativo llevado a cabo por el periódico EL NORTE, esta vía llega a ser hasta un 400 por ciento más cara para determinados tipos de camiones de carga pesada en comparación con otras autopistas de cuota de similar longitud en el resto de México. Este cobro desproporcionado e impositivo, lejos de traducirse en un diseño vial impecable, vigilancia permanente o servicios de emergencia de respuesta inmediata, se ha convertido en una barrera económica que ahuyenta el flujo vehicular y satura las alternativas libres, detonando tragedias en cadena. Pero su elevado costo no la hace más segura.
Las rutas con más víctimas fatales: Radiografía del peligro
El comportamiento de los accidentes durante 2024 refleja un panorama desolador donde la falta de planeación integral cobra facturas humanas insustituibles. Las estadísticas oficiales de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) posicionaron a Nuevo León de forma vergonzosa dentro del ranking de accidentes carreteros en 2024, ubicando al estado en el top 10 de siniestros ocurridos en carreteras federales a nivel nacional, acumulando un total de 519 percances en ese periodo anual.
El epicentro de la letalidad se concentró con ferocidad en la carretera libre a Nuevo Laredo, una vía que registró la alarmante cifra de 21 muertes en la carretera libre a Nuevo Laredo, liderando las estadísticas como el tramo más mortífero de la entidad. La lista de la muerte continúa con la carretera a Matehuala, que sumó un saldo trágico de 14 muertes en la carretera a Matehuala en el mismo lapso. Estos corredores comerciales son arterias fundamentales para el motor económico de la región, pero la falta de mantenimiento, la nula presencia de operativos eficaces de control de velocidad y las deficiencias estructurales las convierten en trampas mortales cotidianas para choferes y familias completas.

El colapso provocado: Libramiento Noroeste vs. Periférico
Uno de los puntos carreteros con mayor riesgo para los usuarios se genera artificialmente debido a las altísimas tarifas impuestas en las vías de cuota del estado. Al ser el Anillo Periférico prácticamente inaccesible para la economía de muchos transportistas y automovilistas debido a sus costos abusivos, estos optan masivamente por usar el Libramiento Noroeste. Este fenómeno produce un embotellamiento kilométrico crónico y eleva exponencialmente el riesgo vial en la zona libre.
Los datos de la SICT son contundentes al demostrar las consecuencias de este desbalance: el flujo vehicular en el Libramiento Noroeste llega a superar hasta cinco veces al del Periférico. Esta saturación extrema se tradujo de forma directa en pérdida de vidas humanas, registrando un saldo de 13 fallecidos en el Libramiento Noroeste durante el 2024. Además de las pérdidas fatales, este tramo se colocó en la vigésima sexta posición a nivel nacional en número de lesionados con 14 heridos de gravedad, derivado de los 36 siniestros totales contabilizados allí.
Por su parte, el costoso e infrautilizado Anillo Periférico, a pesar de su baja densidad de tráfico provocada por el rechazo de los usuarios a sus tarifas, reportó 28 siniestros que cobraron la vida de 7 víctimas en el Anillo Periférico, cifra que lo empata en letalidad con los tramos correspondientes a la Carretera Nacional dentro del estado. El Periférico también aportó 10 lesionados a la estadística general, ubicándose como la séptima carretera federal con más heridos en el país. Esto comprueba de manera inequívoca que viajar por una vía cara no disminuye el riesgo de morir en ella bajo el esquema actual.
Diferencias estructurales y las acciones pendientes
La comparativa técnica entre las carreteras libres y de cuota en Nuevo León evidencia que el factor económico funciona únicamente como un esquema de recaudación fiscal para el estado, pero carece de un impacto preventivo en los indicadores de siniestralidad. Mientras las vías libres absorben un tonelaje y volumen vehicular que rebasa por completo sus capacidades físicas de diseño —debido a la huida de los usuarios de las tarifas estatales—, las de cuota mantienen deficiencias en su señalización, paraderos seguros y esquemas de contención de velocidad, lo que genera accidentes fatales incluso con menor densidad de tráfico.
Las acciones pendientes para mejorar la seguridad en Nuevo León no admiten más postergaciones ni discursos cosméticos en redes sociales. Se requiere con urgencia una reestructuración profunda e integral de las tarifas viales para incentivar el uso de las autopistas periféricas y desahogar de manera inmediata el Libramiento Noroeste. El gobierno de Samuel García tiene la obligación ineludible de coordinar esfuerzos reales con la federación para auditar la calidad del asfalto, implementar operativos de control severos y sancionar a las concesionarias que incumplen con los estándares mínimos de seguridad viales.
Mientras la administración estatal continúe priorizando la espectacularidad mediática y la recaudación por encima de la vida de los ciudadanos, las autopistas neoleonesas seguirán ostentando el doble y trágico título de ser el asfalto más caro de México y, simultáneamente, el escenario de las carreteras más mortales de Nuevo León.
Nota de crédito y transparencia: Este artículo está estructurado y redactado de forma original e independiente utilizando como base informativa los datos del reporte de la SICT y el ejercicio comparativo de tarifas publicado originalmente por el diario EL NORTE.
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