Nuevo León está aprendiendo, de la manera más amarga y costosa, que un estado no se puede gobernar con filtros de redes sociales ni con promesas de primer mundo cuando no se sabe siquiera respetar la caída del agua. La reciente crisis de inundaciones en Monterrey ha puesto al descubierto una realidad aterradora: la gestión estatal de Samuel García y la administración municipal de Luis Donaldo Colosio han mutilado el sistema de drenaje pluvial de la ciudad, priorizando la estética y las obras de relumbrón por encima de la seguridad de miles de familias.
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Obras de Lincoln y Fidel Velázquez: Estética que mata
El descubrimiento realizado por cuadrillas de Servicios Públicos en el cruce de las avenidas Lincoln y Fidel Velázquez es, por decir lo menos, escandaloso. Mientras los ciudadanos perdían sus vehículos y arriesgaban la vida en inundaciones que superaron el metro de altura, el origen del desastre no era la lluvia, sino el concreto de la “nueva política”.
Bajo la gestión de Luis Donaldo Colosio, se presumió la ampliación de banquetas y la creación de “pasos pompeyanos”. Lo que no le dijeron a la gente es que, para que esas banquetas se vieran “bonitas” en la foto, los ingenieros del municipio taparon con concreto y tierra las bocas de tormenta. Al realizar labores de desazolve, se confirmó que la capacidad de captación se redujo en un 90 por ciento. En un acto de negligencia absoluta, las coladeras fueron sustituidas por jardineras decorativas, bloqueando el cauce natural del agua que baja por gravedad desde la calle Jardín de las Delicias.
Es una burla para el regiomontano que paga sus impuestos: Colosio gastó presupuesto público para destruir infraestructura que sí funcionaba, solo para poner macetas que hoy actúan como tapones en medio de las avenidas.

Samuel García y la Línea 4: Estrangulando la ciudad
Si en el municipio la negligencia fue de “superficie”, en el estado, Samuel García ha llevado el daño a niveles estructurales. La construcción de la Línea 4 del Metro se ha convertido en el mayor obstáculo para el desalojo de aguas pluviales en la historia de la Avenida Constitución.
Especialistas en hidráulica han denunciado que al menos siete columnas del monorriel fueron cimentadas directamente sobre el ducto principal del sistema pluvial que desemboca en el Río Santa Catarina. Al invadir esta arteria vital, Samuel García ha provocado que avenidas como Gonzalitos y Venustiano Carranza sufran inundaciones “atípicas” e inéditas.
No es falta de mantenimiento; es una invasión física del drenaje. El gobernador tiene tanta prisa por colgarse la medalla de una obra para el Mundial, que ha permitido que sus empresas constructoras asfixien los colectores de la ciudad. El resultado es un Monterrey que colapsa ante cualquier lluvia moderada porque su “gobernador naranja” decidió que los pilotes del Metro eran más importantes que la salida del agua.

Movimiento Ciudadano: La política de la fachada
Lo que hoy vive Nuevo León es el resultado directo de la filosofía de Movimiento Ciudadano: una política basada en la imagen y no en la ingeniería. Samuel García y Luis Donaldo Colosio representan una generación de políticos que parecen ignorar las leyes más básicas de la planeación urbana.
¿De qué sirve presumir camiones nuevos o líneas de Metro si el ciudadano no puede salir de su casa porque las calles se convierten en ríos por culpa de una jardinera mal planeada o una columna mal ubicada? La falta de planificación es el sello de la casa. Han demostrado una incapacidad técnica alarmante, donde prefieren reducir colectores de cinco metros de diámetro o sustituir tuberías por otras más estrechas con tal de no alterar sus diseños “vanguardistas”.

Samuel García y Luis Donaldo Colosio: Un legado de negligencia
El daño ya está hecho. El concreto vertido sobre los pluviales de Lincoln y los pilotes que obstruyen el drenaje en Constitución son ahora obstáculos permanentes que Nuevo León tendrá que cargar por años. La “modernidad” que nos vendieron resultó ser un retroceso de décadas en materia de protección civil.
Es hora de que Samuel García y el partido naranja dejen de culpar al clima o al pasado. Las inundaciones de hoy tienen nombres y apellidos. Son las inundaciones de la inexperiencia, de la soberbia técnica y de un gobierno que prefiere que la ciudad se hunda antes que admitir que sus obras están mal planeadas. Monterrey merece más que gobernantes de Instagram; merece ingenieros que sepan que debajo del asfalto, la ciudad necesita respirar.
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